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La difícil vía de la escalada a Tokio 2020

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Hablar de «escalada» evoca grandes paredes de roca, montañas inasibles. Para Mikel Linacisoro (Guipúzcoa, 2000) «escalada» significa una forma de vida, un reto, una pasión. Y un sueño: los Juegos de Tokio 2020. Un atractivo mayúsculo que quizá sea, hoy por hoy en España, casi más difícil que ascender al mítico Capitán.

A Japón acudirán los escaladores más completos, los que aúnen tres disciplinas en una sola: velocidad, dificultad y bloque. Es decir, es muy posible que campeones del mundo en una modalidad no obtengan su plaza por no alcanzar la misma calidad en las otras dos. «Es como pedirle a un atleta que sea el mejor en lanzamiento de peso, en salto con pértiga y 1.500 metros. Es lo que han elegido como requisito: un atleta completo, capaz de escalar muy alto, resistir mucho y, por otra parte, muy explosivo, que sepa responder a problemas que le pueden plantear, y encima, muy rápido», analiza para ABC David Macià, seleccionador nacional.

España tiene tradición en una sola modalidad, dificultad, en la que se cosechan muy buenos resultados. Incluso campeones del mundo como Pedro Pons, allá por el año 2000. Pero no en las demás. «En bloque no estamos finos. Y en velocidad estamos muy mal en infraestructuras: solo hay en Madrid y en Pamplona», expone Macià. Y así explica cómo de difícil es el «Yosemite» de los escaladores españoles: «Nos concentramos en verano en el sur de Austria y Alemania o el norte de Italia. Intentamos sacar lo que podemos, aunque hay quien se ha costeado algún viaje. Es un deporte caro: crear la infraestructura con unas determinadas medidas, invertir en profesionales para poner las presas, la seguridad, un plan de gestión. Faltan entrenadores de base, y aunque las autonómicas están haciendo un gran trabajo en la búsqueda de talentos, es necesario un plan general. Los recursos no han llegado con la fluidez necesaria, pero si se confirma que la escalada también estará en París 2024 tendremos más llano el camino. Sí, son millones de euros, pero menos que una piscina olímpica».

No obstante, lanza el mensaje que explica de qué están hechos los deportistas españoles: «¿Todo esto nos merma para lograr una de las veinte plazas olímpicas? Sí. Pero lo vamos a intentar hasta el final».

Plan B, C y D
En ello está Linacisoro, que eligió la escalada sobre el esquí después de que el entrenador de su hermano Ibai se los llevara un par de días a probar. Después, fue Joxean Mulas, su primer profesor, quien acabó por convencerlo. Para Mikel es su forma de relajarse, desconectar del mundo y enfrentarse a nuevos retos cada día.

Con una familia que vive el invierno alrededor de la nieve y el verano en la montaña, no era difícil que Mikel se convirtiera en ese niño «raro» al que le gustaban la naturaleza y las paredes, de las que ha aprendido a desenvolverse de maravilla en situaciones complicadas utilizando solo su cuerpo. «Al principio solo era un juego, pero cuando tenía unos 14 años, gané mi primer campeonato y copa de Europa en juvenil. Fue cuando me planteé que podía ser un gran escalador y quizás dedicarme a esto. Los entrenamientos cambiaron, se volvieron más serios, más planificados y con metas importantes que quería cumplir», explica a este diario. También su padre, Asier, apunta que los veranos son viajes en coche alrededor del mundo para que tanto la madre, Ani, como los hijos, disfruten de las paredes.

Por el momento, es la modalidad de dificultad la que mejor se le da, pero invierte cinco días a la semana en perfeccionar la velocidad y bloque. «Tener un buen físico, ser muy fuerte y flexible es imprescindible. Yo subo 75 kilos usando solo dedos y pies por paredes en las que apenas hay sitios donde poder agarrarte o paredes en las que escalas boca abajo».

No solo es fuerza. Es sobre todo cabeza. «Cuando estoy escalando no pienso en nada más: cómo puedo moverme por la pared, qué estrategias utilizar... Si piensas en algo más, antes de darte cuenta ya te has caído». Esa mentalidad la fortalece a conciencia porque, a sus casi 19 años, a veces todavía no se cree que puede hacerlo igual o mejor que sus rivales. «Sé que no sube más alto el más fuerte, sino el que mejor piensa y escoge el camino y los movimientos. Un buen físico te convierte en un gran escalador, pero la mente es la única que puede hacerte ser el mejor», explica.

Son la Federación Vasca y la Española las que costean sus desplazamientos a las competiciones. «Juntas hacen lo que pueden dentro de sus posibilidades. Con los escasos recursos con los que cuentan, hacen todo lo posible y más», cuenta Linacisoro padre, para quien sería una tremenda alegría que Mikel consiguiera una plaza para Tokio. «Para mi hijo y para todos los que lo están ayudando durante su trayectoria». Porque Mikel, a pesar de su juventud y de que por el momento en España siendo escalador de competición no se puede vivir, ha sabido ganarse los títulos, el reconocimiento y la visibilidad necesaria para que otras empresas consoliden su formación y su ascenso a lo más alto del podio. Compite con el Basque Team y recibe una beca Podium de Telefónica, también se han unido a su escalada hacia los Juegos Olímpicos Trangoworld, La Sportiva, Tech Rock-Fixe, Climbskin, Ocean Sunglasses, KunonNutricion, PiuGaz, PUC y Ekin.

Linacisoro confiesa que visualiza toda la ruta con sus movimientos y sus soluciones ante de subir. «Pero aunque tengas una idea clara, hay que tener un plan B o C. Competimos contra nosotros mismos». Por el momento, cumple los requisitos: su plan A es mejorar cada día y luchar por esa plaza olímpica. El plan B, los Juegos de París 2024. Y hasta uno C, la carrera de Medicina que compagina con las presas y competiciones. «¿Tres deseos? Que la gente se anime porque enseña humildad y amor por la naturaleza. Crear cultura de competición, somos un país rico en roca, pero no en instalaciones. Crear una base para que suba el nivel, la exigencia y las opciones de tener grandes escaladores». La ilusión es enorme, falta un empujón.

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