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«Es más difícil desconectar de los canales digitales que de la cocaína»

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Todo usuario de un «smartphone» y con cuenta en una red social no puede perderse el libro «Acepto las Condiciones» de Cristóbal Cobo. La obra cuestiona la supuesta neutralidad de la tecnología y el coste de ceder información personal

a plataformas tecnológicas supuestamente gratuitas.

Tras el escándalo en 2018 de Facebook y Cambridge Analytica, la sociedad parece haber despertado de ese «letargo» en el que las nuevas tecnologías nos han mantenido. Pero no es suficiente. Cobo insiste en la necesidad de que el usuario sea realmente consciente de cómo las redes sociales y los motores de búsqueda recopilan datos sobre su comportamiento, interacciones, desplazamientos, consumos o deseos, explora estrategias y acciones para reducir las actuales asimetrías de información y propone soluciones para limitar el poder de las tecnologías.

1. «Acepto las condiciones» no es un titular muy acertado si tenemos cuenta que los usuarios, cada vez que vemos dicha opción, ¡no las leemos nunca! A ver si no vamos a leer tu libro... ¿Por qué este título?

No sé si hoy leemos de la misma manera que antes. Todo hace pensar que nuestra atención se ha fragmentado y preferimos leer textos cortos, mensajes, tuits... más que libros. Cada vez me plantean más dudas sobre la capacidad de leer textos complejos y mantenerse alejado de los microestímulos. Las investigaciones no son concluyentes pero todo hace pensar que nuestra lectura está más hiperfragmentada. No sé si el título hará que lean más o menos el libro pero lo que sí sé es que lo escribí tratando de que no fuera un texto extenso precisamente por eso, para llegar a un mayor número de personas.

2. ¿Qué son los «smartphone zombies» de los que hablas en el libro?

Es casi un antagonismo de nativo digital, esa generación que presumía de ser más sabia porque había nacido en la era digital. Sin embargo, la investigación ha demostrado que eso carece de todo fundamento.

Los «zombies» digitales son personas que no están adscritas a edad alguna y dependen tanto del teléfono que si salen de casa sin él, regresan a por el móvil. No pueden tener una conversación con otras personas porque tienen la necesidad constante de tener la mirada en la pantalla y siempre están preocupados de tener datos, conectividad, etc. Basta con echar un vistazo a la calle y ver cuántos «smartphones zombies» hay. Y ello queda patente en dos ejemplos: hoy hay más accidentes de tráfico por culpa del móvil (distracción) y cada vez se están instalando más semáforos en el suelo porque la gente no levanta la mirada de sus terminales. Eso nos tiene que llevar a pensar.

3. ¿Qué papel juegan en la actualidad los gigantes tecnológicos de cara a la sociedad y desde el punto de vista económico?

Cuando a finales de los 90 y principios del año 2000 emerge el concepto de una economía basada en internet, no solo se habla de la sociedad en red sino de una economía digital. Incluso de una nueva economía en la que, uno de sus elementos principales, es que había procesos de desintermediación. Es decir, el ganadero podía llegar al comprador último directamente

Pero la ironía es que hoy, con internet desde hace ya 30 años, esa desintermediación ha generado un efecto inverso porque se ha concentrado una parte importante de las transacciones en un número limitado de agentes, es decir, en las plataformas popularmente conocidas como GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) que tienen un poder económico y político gigantesco.

Un buen ejemplo de ello es que, según la revista «Forbes», de las diez personas más ricas del mundo, cinco de ellas están relacionadas con el uso masivo de datos. Queda patente, por tanto, la gran concentración de poder que ejercen, su enorme influencia y cómo hemos dejado que estas compañías jueguen un papel fundamental en nuestras vidas

4. Abordas en el libro cuestiones como la falsa gratuidad de los servicios de internet y que el usuario realmente no elige. Seguro que muchos de los usuarios que lean ambas afirmaciones se sorprenden. ¿Por qué?

La gratuidad no existe. Si algo es gratis es porque otra persona está pagando por ello o porque tú estás pagando por otro servicio sin darte cuenta. Nos creimos muy listos como ciudadanos cuando, años atrás, accedimos sin pagar a contenidos del periódico, de Youtube, no pagábamos por la música... Y eso acarreó un coste brutal imposible de cuantificar ya porque no podemos saber qué pasa y dónde están nuestros datos e información privada que cedimos en aquel momento.. ¿Dónde han quedado almacenados todos esos datos que han sido distribuidos y comercializados una y otra vez? Pero no solo eso, sino que además esa información ha sido utilizada de una manera muy sofisticada, con grandes volúmenes de datos que van haciendo patrones de nuestros gustos, comportamiento, deseos, temores... para filtrar toda la información con la que interactuamos y darnos exactamente la que solo nos gusta.

Todo ello no solo altera la compresión de la realidad, porque está fragmentada y hecha a medida, sino que además manipula nuestro «libre albedrío». ¿Cuántas decisiones tomamos realmente de manera autónoma y no de forma prefabricada por quien es la fuente de información (navegador web) que utilizamos para tomar decisiones?, Cuando hacemos cualquier búsqueda, los resultados están condicionados por las mismas.

¿Cómo hacemos para leer entre líneas? Esa es una de las dificultades actuales. Estamos más sujetos a manipulaciones y a ceder comodidad a cambio de libertad. Y eso limita nuestra capacidad de elegir.

5. ¿Dónde se han quedado nuestros derechos a la privacidad y a la intimidad en esta vorágine?

Con la revolución industrial se generó el derecho a la propiedad. Con la digital, falta generar un verdadero derecho a los datos. No solo a la protección de los mismos, sino también a la transparencia, al derecho a saber dónde están mis datos, poder recuperarlos o destruirlos si yo quiero y también poder comercializarlos, siendo conscientes. Pero estamos en una situación de desconocimiento cuando toda nuestra información entra en cajas negras con procesos que no son transparentes y quedan en una especie de universo paralelo.

Creo que hay derechos que debemos recuperar, como la privacidad o la intimidad, pero también hay otros que nos faltan, como el derecho a no estar disponible, a no estar en la Red, el derecho al olvido... Como sociedad, tenemos que tener esos nuevos derechos. Internet no ha puesto en el centro a la persona porque no ha tenido las regulaciones necesarias.

6. Estamos en un momento de medio crisis pero el usuario no llega a ser consciente de ello. ¿Por qué?

Mientras preparaba el libro, uno de los estudios en el que estuve implicado era de un psiquiatra que ayudaba a las personas con consumo adictivo a internet. Este experto aseguraba que era más difícil desconectarse de los canales digitales que de la cocaína porque cuando un adicto a las drogas las deja, cambia su círculo, su entorno, sus amigos... Se mueve en otro contexto alejado de la cocaína. Pero con la sobreexposición digital es muy difícil porque aunque logres poner cierta regulación, vas a estar viajando, trabajando, etc. donde el uso de la tecnología es parte del ecosistema.

No se trata de vivir sin tecnología o al margen. La dificultad actual es que se nos vendió que si estábamos conectados a los canales digitales seríamos competitivos, había que preparar a las nuevas generaciones.... Y todo ello nos costó cero. Lo sorprendente es que los «smartphones» y las redes sociales tienen poco más de 10 años. Hemos cambiado totalmente nuestro comportamiento en muy poco tiempo.

Con este libro, pretendo generar discusión sobre este tema y luego ya veremos cuáles son los caminos más apropiados. Yo sí creo en que hay soluciones pero antes de la reacción tiene que haber reflexión.

7. Y las grandes compañías, ¿qué tienen que hacer? Ahora venden mucho eso de “proteger los datos” de los usuarios pero realmente comercializan con ello. Justo ahora el padre de internet, Tim Berners-Lee, criticaba este aspecto de los gigantes tecnológicos

El padre de internet decía que lamentaba mucho en lo que se ha convertido internet en los últimos cinco años, que es cuando se ha hecho evidente la concentración de la información en muy pocas compañías.

En 2018 ha sido el año en el que se rompió esa «luna de miel» de los gigantes tecnológicos con el escándalo de Cambridge Analytica y ha sido cuando Google y Apple han puesto en marcha herramientas para saber cuánto tiempo estamos con el móvil.

Después de todo ello, parece que hay más sensibilidad y preocupación entre los expertos. Pero esto tiene que ser un debate de la sociedad, no de los eruditos. Creo que es fundamental que estemos atentos porque las grandes compañías van a ser las primeras en decir que también están comprometidas y hay que transitar de las declaraciones de compromiso a acciones muy concretas.

8. ¿Cuál es el panorama a medio/largo plazo para usuarios y compañías?

Cuando hice el libro entrevisté a muchos expertos. Algunos proponían cosas que había que hacer y otros eran apocalípticos.

Yo tengo la impresión de que conceptos como ética digital, privacidad, etc. irán ganando y se irán poniendo en valor. Habrá una contrarreacción contra esos abusos, pero mi apuesta es que tenemos que contar con más ciudadanos inteligentes que con teléfonos inteligentes.

Por tanto, hay que cambiar la manera en la que educamos a la gente, cambiar los actuales planes de formación y poner encima de la mesa que esto no es un tema enfocado en las nuevas generaciones, sino más transversal, que afecta a toda la sociedad.

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